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Cada uno tiene la responsabilidad de dar fruto en la medida de sus posibilidades.

Entrevista realizada por Juan Carlos Maestro, creador de Felicacia al Socio Director de MindValue, Javier Fernández Aguado.

Javier Fernández Aguado

  • Javier Fernández Aguado, Socio Director de MindValue

  • Su trabajo como conferenciante y asesor ha sido solicitado desde innumerables organizaciones de más de 50 países.

  • Autor de 70 libros sobre management y cultura de las organizaciones, la mitad en colaboración. Entre otros: Egipto, escuela de directivos; Roma, escuela de directivos; La soledad del directivo; El Management del III Reich; ¡Camaradas! De Lenin a hoy; Patologías en las organizaciones; Roma, escuela de directivos; 2000 años liderando equipos; El encuentro de cuatro imperios o El Management de españoles, aztecas, incas y mayas.

  • Es conocido por muchos como el Peter Drucker español por la amplitud y diferencial profundidad de sus aportaciones.

  • Único intelectual español contemporáneo sobre el que se han organizado dos simposios internacionales para desgranar sus propuestas y su trabajo como investigador, al que asistieron 700 profesionales y académicos de 20 países.

  • Ha sido premiado por su trabajo como investigador o conferenciante en Estados Unidos, Gran Bretaña, Perú, Chile, Colombia, México… y por supuesto, en España. El ultimo galardón, hasta el momento, ha sido el premio Saul Golttman por sus investigaciones sobre el liderazgo, que le fue entregado en Bogotá (Colombia) en octubre de 2022.

  • Se han escrito 300 libros y ensayos analizando su pensamiento. El más reciente, Protagonistas del Management español (noviembre de 2022) en el que se analiza su obra junto a la de otra docena de los mayores expertos en el área.

JCM. – En primer lugar, muchas gracias por aceptar esta entrevista sobre la felicidad en el mundo de las organizaciones y la felicacia. Es un placer hablar con usted.

Ese placer es mutuo. Hace tiempo que conozco y admiro su trabajo sobre la felicacia. Me parece de gran relevancia e interés.

JCM. – De su último libro El encuentro de cuatro imperios o El management de españoles, aztecas, incas y mayas, ¿qué experiencias y aprendizajes pueden extrapolarse al mundo directivo de hoy en día?

¡Numerosísimas! Entre las positivas: el respeto por la propiedad ajena, la responsabilidad en el trabajo, el sentido profundo de la imagen de marca, la defensa del ser concebido aún no nacido, el cuidado de quienes llegaban a edades avanzadas, el aprecio de las propias tradiciones, la estima por los principios de la ley natural en las relaciones sexuales, la formación de las nuevas generaciones en la exigencia y la brega, etc.

Entre las negativas: el atroz hábito de los sacrificios humanos, la antropofagia, el afán proto socialista que limitó el crecimiento de su desarrollo económico y social, una política fiscal abusiva aplicada sobre los pueblos sometidos, la obsesión por una sociedad militarizada, la ausencia de cualquier tipo de consulta a la ciudadanía, la desmedida riqueza de la clase dirigente, etc.

«La ética es un elemento consustancial a la persona. Cuando alguien, y disponemos de ejemplos muy cercanos en el ámbito público y privado, se comporta de manera amoral, se suceden los desastres personales e institucionales.»

JCM. – Ha escrito mucho sobre la ética en el mundo de las organizaciones. ¿Cómo ve las empresas actuales de forma general en este campo? ¿Cree que se tiene presente la ética a la hora de tomar decisiones? ¿Cree que la ética es un factor imprescindible en las empresas que trabajan por la felicidad y el bienestar de las personas?

La ética es un elemento consustancial a la persona. Cuando alguien, y disponemos de ejemplos muy cercanos en el ámbito público y privado, se comporta de manera amoral, se suceden los desastres personales e institucionales. Lo he explicado en dos artículos encabezados con el concepto de chófer loco que muchos alemanes atribuyeron a Hitler y que hoy sirve para calificar a específicos presidentes de gobierno, de empresas, de fundaciones… que obran de tal manera que hacen realidad el aviso de Tagore: el hombre, cuando es cruel, es el más cruel de los animales.

La brutalidad no es  atribuible solo a lamentables déspotas como Putin o Xi Jinping, sino también a dictadorzuelos menos poderosos pero igualmente desalmados que, con la excusa populista de defender a los menos pudientes, se enriquecen y dañan a millones de ciudadanos. Como explicitaba un tirano caribeño contemporáneo, la clave de su poder es alentar colectivos de pobres esperanzados. Con inusitada sinceridad detallaba que en ningún caso debían sacar de la miseria a aquellas masas, porque entonces dejarían de votarle. La economía subsidiada para controlar el voto del menesteroso es una perversidad.

Otra manifestación complementaria de amoralidad es mentir de manera sistemática, a todos y en todo. Como bien explicó Shakespeare, expedir falsedades de forma continuada es un modo de destruir la confianza, coordenada esencial para el buen funcionamiento de cualquier colectivo. Sin confianza mutua, la felicidad resulta inalcanzable.

JCM. – En su libro de 2000 años liderando equipos describe a múltiples personajes que bajo el marco de la iglesia católica han tenido una gran repercusión por su obra o acciones. ¿Qué cree que es lo más importante que podemos aprender hoy en día de esas experiencias y actuaciones? ¿Hay algún mensaje claro que pueda destacar?

La respuesta es inabordable en el tiempo del que disponemos. Pueden mencionarse la generosidad de la mayor parte de los líderes analizados en esa investigación, su capacidad de renunciar a ventajas, derechos o caprichos en pro de las personas a las que convocaban y dirigían.

La prueba del algodón de la moralidad de un líder, lo que le diferencia de un manipulador, es la razonable austeridad con la que vive. Animar a los demás a una existencia de gastos contenidos mientras que quien eso proclama derrocha de manera infame en sus medios de transporte, en su comodidad, en su descanso, en el séquito que crea de personas para su complacencia, es deleznable, innoble. No me extraña, por eso, que Arturo Pérez-Reverte, al referirse a determinados equipos directivos los califique como chusma gobernante. Mucho tendrían que aprender de las docenas de líderes cuya actividad desgrano en 2000 años.

«Otra manifestación complementaria de amoralidad es mentir de manera sistemática, a todos y en todo.»

JCM. – ¿Hay algún líder, actual o pasado, que sea un referente o una inspiración para usted?

Son muchos los líderes de los que aprendo habilidades comportamentales. Si tuviese que limitarme a algunos de los abordados en 2000 años liderando equipos, señalaría la humildad y entrega de José de Calasanz, la reflexiva pluma de Agustín de Hipona, la audacia de Teresa de Ávila, la resiliencia de Juan Pablo II, la profundidad intelectual de Benedicto XVI, la valentía de Gregorio VII…

Si ampliásemos la mirada a otros ámbitos, sería de justicia mencionar, entre otros muchos, a Marco Aurelio, Constantino I, Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Mandela o Gandhi.

Todos los citados, como cualquier criatura humana, han surfeado sobre contradicciones, pero todos ellos realizaron hechos o propusieron teorías de las que mucho podemos aprender.

JCM. – ¿Qué se siente al ser un referente nacional e internacional en cuestiones directivas y experto en el mundo de las organizaciones?

Aprendí de mi padre, el profesor Enrique Fernández Peña, fallecido hace casi tres lustros, que cada uno tiene la responsabilidad de dar fruto en la medida de sus posibilidades. Procuro profundizar en mis investigaciones para luego aplicarlas en aquellas entidades mercantiles, financieras o públicas que desean contar con mi trabajo de formación o asesoramiento. En cada una de mis actividades sigo aprendiendo para ofertar mejores soluciones que contribuyan, no solo a incrementar razonablemente la rentabilidad, sino también a crear las condiciones que posibiliten la vida honorable de los stakeholders o grupos de interés.

«Cada uno tiene la responsabilidad de dar fruto en la medida de sus posibilidades.»

«El poder puede ser utilizado como un instrumento de servicio en beneficio de los demás o como palanca para encumbrarse en un pedestal desde el que menospreciar a otros..»

«Para quien trabaja con rigor, constancia y ética, lo mejor siempre está por llegar.»

JCM. – ¿Cuáles son las debilidades actuales de los directivos?

El poder puede ser utilizado como un instrumento de servicio en beneficio de los demás o como palanca para encumbrarse en un pedestal desde el que menospreciar a otros. Quien opta por la segunda posibilidad arruina la vida de muchos a la vez que dilapida la propia existencia, aunque viva acomodadamente a costa de desplumar a los demás, sean empleados o ciudadanos. El riesgo del egoísmo, de la codicia, del acomodamiento, de la jactancia, de la prepotencia, entre otros, está siempre presente.

JCM. – ¿Cuáles son sus fortalezas?

Si nos limitamos al ámbito español, cabría citar la resiliencia, la creatividad, la capacidad de iniciativa, la habilidad para repensarse y reinventarse… Para quien trabaja con rigor, constancia y ética, lo mejor siempre está por llegar. Por eso produce pena el empeño de algunos por eliminar el esfuerzo desde la más tierna infancia.

JCM. – Después de haber viajado y conocido multitud de organizaciones de más de cincuenta países, ¿considera que la empresa española actual es competitiva, o más bien que tiene muchos retos que superar en comparación con los mejores países?

En ocasiones detecto entre nuestros connacionales un afán de autoflagelación. En mi experiencia profesional, repartida por países de Asia, América, África y Europa, no he encontrado ninguno en el que no salten a la vista contradicciones y limitaciones. Muchos intentan disimularlas. Tanto en España como en bastantes países hispanoamericanos el afán por señalar lo menos positivo es una patología. Deberíamos fijarnos mucho más en todas las características que permitieron que durante siglos España fuera la mayor potencia mundial, en vez de obsesionarnos por destacar los aspectos menos significativos.

Nuestro país fue grande gracias a los emprendedores que se lanzaron a cruzar océanos asumiendo riesgos sin cuento, incluido el de sus propios patrimonios, y no por los funcionarios, obviamente imprescindibles, que se limitaban a contabilizar o fiscalizar lo que otros hacían. Resulta preocupante la obsesión por una elefantiasis de la administración pública, que muchas veces es fruto del afán de determinados políticos por apesebrar a la sociedad, siempre en favor de ellos mismos, no de la gente.

Mi grito de guerra es, en muchas ocasiones: ¡Piensa lo que quieras, pero por favor piensa! Que nadie te viva la vida, aunque te subsidie… ¡Creo en la libertad!

«¡Piensa lo que quieras, pero por favor piensa! Que nadie te viva la vida, aunque te subsidie… ¡Creo en la libertad!»

JCM. – ¿Considera que si se es más feliz se es más productivo en la empresa?

La felicidad es la meta a la que todos estamos llamados. Es la única cima en la que todo el mundo estamos de acuerdo. Mucho más que anhelar lo que no tenemos, consiste en amar profundamente aquello de lo que disponemos.

JCM. – ¿Puede ser la organización un lugar de desarrollo personal? Parece que los niveles de estrés en las organizaciones aumentan para todos a pasos agigantados. Si es así, algo estemos haciendo mal…

Cualquier organización debe tener como centro a la persona. Cuando el referente principal no es esta, sino un Excel, los desastres están asegurados. La primera demostración de ética es una capacitación severa para desarrollar con solvencia nuestras responsabilidades. Cuando el tener, el acumular, se convierte en el objetivo, olvidando la centralidad del crecimiento de las personas, el estrés se dispara. Deberíamos empeñarnos en competir únicamente con nosotros mismos.

JCM. – ¿Qué opina sobre la felicacia (felicidad + eficacia)? ¿Cree que es una utopía, o puede llegar a ser una realidad en las organizaciones?

La felicidad es una meta que se atisba en el horizonte. Cuando pensamos que estamos a punto de lograrla, se aleja.

El concepto de felicacia resulta un modo atractivo de replantear ese objetivo siempre ansiado por el ser humano que es la felicidad, tratando de aportar vías para vislumbrarla en el trabajo y, más en general, en las actividades que desarrollamos a diario. ¡Felicidades, pues, por haberlo puesto en la agenda desde hace algunos años en un estupendo libro que, aceptando su propuesta, prologué con gusto!

«Cualquier organización debe tener como centro a la persona. Cuando el referente principal no es esta, sino un Excel, los desastres están asegurados.»

JCM. – ¿Considera que gastar en felicacia es un solo un gasto, o más bien una inversión?

La felicidad, al igual que la ética, no es una opción ni un capricho. Se trata de un must que -¡y esto es relevante!- no debemos confundir con el placer ni con vacuo sentimentalismo.

JCM. – ¿Qué legado le gustaría dejar al mundo del management? ¿Cómo quiere que le recuerden?

He escrito hasta el momento miles de páginas fruto de mis investigaciones. En la actualidad trabajo en nuevos libros que espero vean la luz en los próximos meses y años. Mi legado intelectual quedará en esos textos.

Mi legado vital permanecerá en mi mujer, mis hijos y mis amigos, y de algún modo también en unas Memorias que ocupan cientos de páginas, y que confío vean la luz una vez que yo haya traspasado el umbral de la eternidad. ¡Espero que falten aún bastantes años! Dios, Señor de la historia, tiene la última palabra sobre ese punto y sobre cualquier otro…

En Liderar el cambio, Álvaro Lozano ha recogido más de cincuenta reflexiones de autores de numerosos países. Ahí remito por el momento.

Si durante mi hora en el escenario de la vida mortal por la que ahora transitamos he ayudado a alguien a mejorar su camino, ¡bendito sea!

JCM. – Le agradezco su amabilidad. Ha sido un placer disfrutar de sus conocimientos y sabiduría.

Gracias a usted.

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